La vuelta a casa
En estas dos salidas largas que he podido hacer en bicicleta, me he percatado de algo. Y es que una vez alcanzado el destino que había marcado en el mapa, podría haber seguido pedaleando tranquilamente, no siendo el cansancio un condicionante. Y es a la hora de volver, cuando algo hace click en mi cabeza, y todo cambia. No es algo físico, a la vista está que soy bien capaz, es meramente psicológico.
Esa vuelta ya no es algo nuevo, ya sé lo que hay al final del camino. Porque es exactamente de donde he salido. Toda la sorpresa y la fascinación por descubrir, desaparece. Y el cuerpo comienza a pesar más, cada pedalada es más dura que la anterior. Ya no hay motivación.
Por eso sé, y esto me lo vuelve a confirmar, que un tipo de vida nómada es lo que yo necesito.
Hay quien se siente bien sabiendo que vuelve a casa, a su lugar seguro en el mundo, y de hecho, es el sentir generalizado. Pero a mí lo que me hace sentir bien, es esa sensación de aventura e incertidumbre. Es lo que me da la vida. Soy ese tipo de persona que necesita de la novedad, de experimentar cosas nuevas, para no morirse de asco.
¿Qué habrá detrás de la siguiente curva?
¿Y de la siguiente montaña?
¿Con quién me cruzaré esta vez?
¿Por qué volver a un hogar, cuando lo puedo cargar en la alforja?