El micelio de oro
Hoy he hecho la última excursión del año. Quería ir al bosque al que suelo ir, sentía que tenía que hacerlo para poder despedir el año, y ha sido todo un acierto.
No es el más grande, ni el más espectacular, pero es precioso y le tengo un cariño especial. No solo por su diversidad, ya que contiene lagunas, sino porque es el hogar que tengo más cerca. Ya que para mí, todos los bosques están conectados por el micelio de oro. Al que igualmente, yo estoy conectada.
He salido por la mañana sin ninguna prisa, y aunque había elegido este día porque no daban lluvia, me he vuelto a empapar por la densa niebla.
Los caminos estaban embarrados y repletos de charcos. Cosa que no me ha importado, pues para mí, la tierra nunca ensucia, esté mojada o esté seca. Y además, ha sido muy divertido. Las ruedas lisas de mi bicicleta patinaban, y la propia bicicleta se deslizada desde atrás, de un lado a otro. Por suerte, tengo bastante equilibrio y no me he dado de morros contra el suelo. Y por eso mismo me he divertido tanto. Aunque si me hubiera caído y conociéndome, me habría reído igual.
En el bosque he pasado unas cuantas horas, disfrutando de su música y viendo como pescaban los cormoranes tumbada en el suelo, que con la laguna cubierta de niebla, era un espectáculo increíble. También he aprovechado para hacer alguna foto, ya que nunca me había llevado la cámara al bosque. Y por desgracia, y también por suerte, he recogido tres latas que alguien había tirado donde no debía.
Después, con las pilas recargadas gracias al bosque, he seguido mi camino. Porque ya que estaba, había diseñado una ruta en el mapa. Aunque después, mucho mucho caso, tampoco es que le haya hecho. Aún así, he visitado los dos pueblos por los que quería pasar, y luego ya a la vuelta, es cuando ha sido todo más flexible.
Esta vez solo han sido unos 40km, y la verdad es que ni me he cansado. Sobre todo porque aprendí mucho de la última vez. Me he llevado un bocadillo a parte de la fruta, y he diseñado la ruta asegurándome de pasar por zonas en las que rellenar la botella de agua.
También he aprendido algunas cosas esta vez. Como que necesito un casco, que ya he pedido, para las vías que comparta con las monstruosidades mecánicas llamadas coches. Y que las próximas cubiertas que adquiera, tendrán algo de dibujo. Porque hoy han sido todo risas, pero el día que vaya cargada con un montón de kilos en las alforjas, igual es una pesadilla. Y me podré reír igual si me caigo, pero mejor si no se me rompen las cosas que vayan dentro.
He pedaleado por caminos y sendas embarradas, he bajado la bicicleta por un muro de piedras enormes para no dar una gran vuelta, he cantado mientras atravesaba los campos y las garzas me miraban, he subido cuestas y las he bajado a toda velocidad. Y he disfrutado como nunca lo había hecho. Todo era hermoso a su manera, especial, y cada vez estoy más enamorada de la bicicleta.
Hasta siempre, 2025. Te guardaré en mis recuerdos como el año en que empezó mi libertad. Gracias por todo, y gracias por hacerme crecer.