Runa de miel

La odisea de las cuestas

Ayer hice la primera excursión del año. Escribo hoy la página del diario, porque llegué muy cansada, y solo tenía ganas de relajarme mirando una serie y cenar algo rico.

También estrené el casco, que por fin me llegó. Al principio me notaba muy rara e incómoda. Pero conforme pasaron las horas, me fui acostumbrando. Y hasta agradecí el calorcito que me daba, sobre todo por la frente. Ya que con el frío, las veces anteriores sentía dolor por esa zona. Además de que tiene un poquito de visera, y aún siendo pequeña, me vino bien para cuando salió el sol.

La premisa de esta excursión, a parte de tener ya muchas ganas de salir a descubrir, era probar otros tipos de terreno por los que pedalear, y así ir acostumbrándome a diferentes escenarios que me iré encontrando en el futuro. Por eso elegí carreteras secundarias y caminos, por los que también podían circular vehículos a motor. Y por eso estaba esperando a tener el casco.

La experiencia fue buena. Salvo algún indeseable que incluso me gritó, todes les demás respetaron las distancias y la velocidad. El casco también me hizo sentir más segura. Aunque si me atropellan, y viendo el resultado de la mayoría de sucesos de este tipo, por desgracia el casco no supondrá demasiada diferencia. Pero bueno, mejor llevarlo porque nunca se sabe. Y también me ayudará si me caigo yo sola, por alguno de esos caminos tan rotos por los que me suelo meter.

Al principio, el paisaje no fue muy bonito, además de tener demasiadas cuestas, de verdad que no sé de dónde salieron tantas, pero llegando al final, y gracias a que me equivoque de camino unas tres veces, se empezó a poner interesante. Yo no viajo con GPS, ni lo voy a hacer, además, mi teléfono no tiene, y de momento tampoco tengo un mapa de papel. Así que tengo que ir mirando de vez en cuando por dónde ir en el teléfono, usando un mapa sin conexión. Y claro, el teléfono no está visible en el manillar (es un teléfono pequeño y con teclas).

Esto no es algo que me incomode. Siempre que me equivoque, puedo dar la vuelta, o buscar otra alternativa desde donde esté, que me suele gustar más. Y ese punto de aventura extra, es algo que me encanta. A veces, perderse es lo más bonito del viaje, si sabes amoldarte y disfrutar.

Todo depende de la actitud con la que afrontemos la vida.

La vuelta fue mejor, aunque estaba tan agotada que paré en un pueblo a comprar algo de comer. Necesitaba más energía, ya no podía más. Y haciendo uso de mi euro de emergencia, lo cambié por unas magdalenas rellenas de chocolate. Fue como si fueran mágicas. En serio, al poco rato, ya no estaba tan cansada y apenas me dolían las piernas. Cosa que agradecí, porque estaba anocheciendo rápidamente, y aunque al final me alcanzó la noche igualmente, ya estaba mucho más cerca de la ciudad.

Cosas que aprendí, o noté durante la odisea de las cuestas:

El necesitar un sillín con muelles. Porque en ciudad o por asfalto no pasa nada, pero por los caminos, el suelo no es uniforme en absoluto, y hay demasiados baches que me golpean el chocho como si fueran martillazos. Un poco de alegría por ahí abajo está muy bien, pero claro, en el contexto adecuado y con un poquito más de tacto. Ya tengo uno mirado, precioso con muelles redondos y grandes que sobresalen por detrás, pero primero, tengo que hacerme con las herramientas.

Lo mismo me pasa con los pezones, en concreto con el izquierdo. No uso ropa interior, la detesto, sobre todo los sujetadores. Y claro, por esos caminos de los que hablo, todo va dando saltos. Y me roza en los susodichos. Bueno, en el derecho no, porque como llevo la cámara cruzada hacia ese lado, ejerce un poco de presión y se mantiene la ropa más pegada al cuerpo. Me di cuenta de que si iba más erguida, un poco como sacando pecho, el problema desaparecía. Así que espero que al cambiar de manillar, ocurra la magia. Y sino, pues me tendré que inventar otra cosa, siempre que no sea ponerme algo apretado.

Y hasta aquí la página de este curioso diario à vélo. ¿Dónde iré la próxima vez? Ni idea, pero seguro que os lo vuelvo a contar.

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