Runa de miel

Informe 0391

Sargento Sofía Torres Ortiz
BRIPAC
Año 2032

24 de abril de 2032. Soy la Sargento Sofía Torres Ortiz, de la Brigada «Almogávares» VI de Paracaidistas (BRIPAC). Escribo este informe a petición de la Capitán médico Tamara Ruiz Ferrero. Que es la que está al cargo de este hospital de campaña subterráneo.

Ayer, en la madrugada del día 23 de abril, desplegaron a todas las unidades. La confusión era grande, no sabíamos muy bien a dónde íbamos, pero lo que sí sabíamos es que no era un simulacro. Tode el mundo estaba nerviose. Nos enteramos de un poco más cuando ya estábamos de camino, totalmente equipades en el A400M que nos iba a soltar sobre Tarifa. Al parecer ahí estaba lo bueno, sino no nos habrían llevado a nosotres primero. Aunque como pude comprobar después, de bueno tenía más bien poco.

En cuanto se abrió la compuerta y recibimos la señal, todes corrimos hacia el abismo, sin miedo, como siempre hacíamos. Para unos segundos después, tirar de la anilla y abrir el paracaídas. Lo que vi al estabilizarme me pego tan fuerte en el estómago que me sentí mareada. El cielo estaba lleno de humo negro y explosiones. El mar, lleno de fuego, y la tierra, que pronto iban a pisar mis botas, tres cuartos de lo mismo. Íbamos directes al puto infierno.

Nada más tocar suelo recogimos los paracaídas, los escondimos y nos reagrupamos. Nos dio el tiempo justo para recibir instrucciones, cuando unos seres altos y de color gris comenzaron a disparar sobre nuestra posición con armamento desconocido. No me haré la dura, casi me cago encima cuando los vi. Igual que todes les demás. Conseguí matar a unos cuantos de esos cabrones. No sé lo que eran, pero los vi sangrar de color azul y no llevaban corona.

Poco a poco nos acorralaron contra la playa, mermando nuestro número, hasta que recibimos la orden de retirada. Recuerdo que pensé ¿Retirarnos a dónde? Si pisábamos la playa estábamos jodides y si cargábamos contra ellos directamente, también. Fue en ese justo momento, cuando mi compañera, mi amiga, mi hermana Irene cayó a mis pies haciendo un ruido seco, mirándome con aquellos ojos vacíos. La habían alcanzado en el pecho y murió en el acto. Observé a mi alrededor y ya no quedaba nadie más. Era la única con vida y si me quedaba allí, no tardaría en unirme al club.

Corrí todo lo que pude hasta llegar a unas calles estrechas y conseguí sorprender a dos de ellos, desquitándome y vengando la muerte de mi compañera. No sin antes llevarme un regalito en la pierna. Cojeé lo más deprisa que pude, intentando salir de aquel avispero hasta que por el rabillo del ojo vi un paracaídas, e instintivamente fui a su encuentro. No era lo que esperaba. Resultó ser un asiento eyectable, con una piloto inconsciente que a simple vista me pareció marroquí. Pero la verdad es que me importó una mierda de dónde fuera. La saqué de allí y la llevé a rastras lo más lejos que pude. Si yo había visto el paracaídas, esos monstruos seguro que también. Poco después tuvimos la suerte de ser recogidas por un LMV Lince y transportadas hasta el hospital de campaña. La piloto que rescaté aún está inconsciente, la tengo justo al lado. La guiri que tengo en frente es civil, no habla apenas español y parece bastante traumatizada. No la culpo.

Espero recuperar pronto la movilidad de la pierna, porque me muero de ganas de volver al frente y patearles el culo a esos hijos de puta. ¡Desperta Ferro!

Sargento Sofía Torres Ortiz.

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