Lo cierto es que en aquellas calles oscuras tapizadas de niebla, había horrores que bebían directamente de las mentes humanas más perversas y depravadas. El Támesis era una necrópolis, llena de cuerpos hinchados y pelucas de prostitutas. Por suerte para mí, dar un inocente y desaconsejado paseo nocturno por Whitechapel, y ser atacada por dos o tres diablos, me procuraba una sencilla forma de alimentarme. No tenía ni que deshacerme de los cuerpos, las autoridades no daban abasto, y si no eras nadie, nadie te buscaba. Aunqu…
—¿Qué eres, una mujer vampiro? —Interrumpió, con una estruendosa carcajada —¿Y dónde guardas el ataúd?
—¿El ataúd?
—Si, se supone que los vampiros necesitáis dormir en uno, todo el mundo lo sabe.
—¿Por qué iba a dormir en un ataúd? Que poca clase. Como puedes ver, entre otras propiedades, poseo este magnifico loft de más de 200m², y una cama enorme con sábanas de caro algodón egipcio. No veo la necesidad, ni encuentro el estímulo, en dormir dentro de una caja de pino.
—Eres una vampiresa sibarita, bueno, bueno… oye ¿Me puedo servir algo del minibar?
—Claro, adelante.
—¿Te pongo una?
—De momento no, pero no te preocupes, enseguida me llenarás una copa.
—¿Y cómo llevas lo de ser un monstruo nocturno?
—¿Acaso te parezco un monstruo?
—No, estás pero que muy bien, pero ya sabes, le chupas la sangre a la gente y eso.
—¿Un lince te parece un monstruo? ¿O un animal majestuoso que caza para sobrevivir? El no ha elegido ser un lince, ni alimentarse de la carne de otros animales. Solo hace lo que tiene que hacer. ¿Eso lo convierte en un monstruo?
—¡Depende del conejo al que le preguntes! —Estalló con otra sonora carcajada. —¿No te da miedo que pueda contárselo a alguien? Te harías viral enseguida. Toda tu tapadera quedaría al descubierto, saldrías hasta en las noticias.
—Que impertinente… —Respondió, con un tono mucho más mordaz que el habitual. —¿Viral? ¿Miedo? ¿Por qué iba a tener miedo? He visto nacer y morir imperios, he visto y escuchado cosas por las que los historiadores venderían su alma. No soy yo la que tendría que tener miedo, además… ¿Crees que soy tan estúpida como para revelarle mis secretos a alguien más que a la propia muerte? No vas a salir vivo de aquí, mi atractivo Samael. No eres más que la cena. Y este instante, producto de mi mala costumbre de jugar con la comida…