Me desperté temprano y a regañadientes, como casi todos los días. Investigar infidelidades no era lo que más me apasionaba, ni tampoco suficiente aliciente para despertarme antes que el sol, pero al menos me daba para vivir tranquila. Ya que por desgracia para el modelo normativo de relación, no me faltaba clientela.
Fui al despacho en la motocicleta, ya era hora de que dejara de llover. Ronroneaba entre mis piernas mientras aceleraba por aquellas calles, que en aquel momento, parecían sacadas de un sueño de soledad. Con la tostada en la boca y el sabor del té aún en los labios, llegaba tarde. Y aunque tampoco era un drama, pues era mi propia jefa, me debía al horario que mandé pintar sobre el cristal de la puerta del despacho, donde se podía leer en una cuidada caligrafía:
Investigadora privada
Para mi sorpresa, al lado de la puerta había una pequeña caja marrón con mi nombre. No pesaba nada, así que entré y cerré la puerta, pues la curiosidad me comía por dentro. No parecía la típica carta que me dejaban de vez en cuando, desacreditándome o amenazándome por ser mujer y transexual.
La examiné con rapidez, y me fijé en la etiqueta con mi nombre. Estaba escrito a la perfección, no era raro que se dejaran alguna letra por cómo se pronunciaba. El trazo sin duda era de una pluma, y la tinta negra que se había usado, de calidad. Igual que la caligrafía. No la podía comparar con otras cartas que había recibido, esta era de una persona nueva.
Nada más llamó mi atención, así que deshice el cordel y la abrí. Lo primero que encontré, fue un sobre con una nota escrita a máquina en su interior, donde se podía leer con claridad:
Debajo de la nota solo había una ramita con delicadas flores, que olían realmente bien. ¿Qué era todo aquello?
Me disponía a llamar a mi contacto en homicidios, cuando alguien aporreó la puerta, sobresaltándome.
—¡Señora Bleuchara!¡Señora Bleuchara!
—¡Pase, está abierto! —Era la señora Gerrard, tan hermosa como nerviosa. —¿En qué puedo ayudarle esta mañana?
—Perdone por venir tan pronto, ¿Ya sabe algo?¿Con quién me está engañando? No aguanto más… dígame que sabe algo.
—Lo cierto es que si, por favor, siéntese. Y relájese, su marido no le está engañando.
—¿Cómo que no?¿Y a dónde va todos los viernes por la noche? Vuelve a casa oliendo a perfume barato, y he encontrado pelos largos de color rubio, mire, aquí tengo uno.
—Si, es de él, el color coincide.
—¿De él? No le entiendo… ¿Le importa si fumo?
—Adelante. Verá, señora Gerrard, su marido no le está engañando. De hecho, es asombrosamente fiel, así que no tiene de qué preocuparse. Pero hay algo más.
—¿Algo más?
—Su marido tiene un pequeño secreto. Mire estas fotos.
—¿Quién es esa?¿No me ha dicho que me era fiel?
—Y lo es. Esa rubia de la foto, es su marido.
—Pero… ¿Qué?
—El señor Gerrard tiene un inocente hobby nocturno. Disfruta al caracterizarse de mujer, y salir al escenario a cantar. Y la verdad es que lo hace muy bien.
—¿Por qué me oculta esto?
—Supongo que por vergüenza, o miedo. Vivimos en una sociedad muy dura con quienes se atreven a hacer algo diferente y a ser elles mismes. Créame, lo sé muy bien.
—¿…De verdad lo hace tan bien?
—Por la forma en que el público aplaudía, yo diría que si.
—No sé qué pensar…
—Señora Gerrard, si me permite el atrevimiento… su marido le quiere, le respeta, y le apoya personal y profesionalmente. Y aunque tendría que ser la norma, tiene usted mucha suerte, no es algo común. ¿Por qué no hace usted lo mismo? Los prejuicios solo le causarán dolor.
—Tiene razón… no le está haciendo daño a nadie, salvo a si mismo al esconderlo. Tengo que apoyarle. ¿Sabe la dirección del sitio donde actúa?
—Por supuesto, tome, esta es la tarjeta del club Golden Queens, tiene la dirección por detrás. Podrá encontrar allí a su marido los viernes por la noche, bajo el pseudónimo Candy Brandy.
—¿Brandy? Pero si mi marido no bebe.
—Solo es un nombre artístico divertido, es común en el mundo Drag.
—Entiendo… como sea, voy a ir a verle cuando esté actuando, y cuando termine, voy a ser la que aplauda más fuerte. Gracias señora Bleuchara, si no llego a descubrir esto, habría hecho alguna tontería.
—Solo he hecho mi trabajo. Me alegra que todo haya terminado bien.
—Tenga un buen día, y de nuevo, gracias.
Pasado el torbellino, abrí la ventana para ventilar, y volví a coger la nota que había dentro de la caja. Las letras tenían pocas imperfecciones, lo que indicaba que la cinta que habían usado en la máquina de escribir, era nueva. ¿Pero por qué mi nombre manuscrito, y la nota a máquina? Tenía que asegurarme, así que llamé a mi contacto.
Resultó que Virginia Bouquet fue encontrada brutalmente asesinada hacía un mes. No salió en los periódicos por miedo a les posibles imitadores, y supongo que también, para evitar una mala imagen. Ya que fue encontrada en uno de los parques del barrio más rico de la ciudad. Pero lo que terminó por activar mis alarmas, fue que sobre el cadáver dejaron un ramillete de lirios del valle, y estaba casi segura de que las flores que había dentro de la caja, eran las mismas.
La policía no iba a hacer nada, solo con lo que había en la caja no era suficiente para comenzar una nueva investigación, o reabrir la anterior. Dijeron que podría ser un fraude, o una simple broma. No sabía qué sentido del humor se gastaban en homicidios, aunque bueno, me lo podía llegar a imaginar. Pero mi intuición me decía que siguiera tirando del hilo. Y eso es justo lo que iba a hacer.
Caía la noche mientras volvía a casa.
Después de visitar seis floristerías y dos viveros, conseguí sacar en claro un par de cosas. Las pequeñas flores de la caja, como sospechaba, eran lirios del valle. También conocidas como convalaria, o con su nombre científico, Convallaria Majalis. Lo raro era que aún no era la época de floración, faltaba como mínimo un mes. Y el mes pasado ya habían encontrado un ramillete sobre el cuerpo de Virginia Bouquet. Y luego estaba el tema del color. La convalaria era blanca o rosada, en raras ocasiones de un lila pálido, pero la que yo tenía era de un intenso color púrpura, y eso, según les expertes a les que había consultado, no era natural. Había sido modificada.
No sabía si eso me llevaría a algún lado, pero al día siguiente volvería a llamar a mi contacto. Necesitaba abrir más frentes en esa investigación, o pronto entraría en un callejón sin salida.