Runa de miel

Informe 0393

Cabo Gabriela de Lemos Sago
Marina Portuguesa
Año 2032

25 de abril de 2032
Soy la Cabo Gabriela de Lemos Sago, de la Marina Portuguesa. Estaba embarcada en la fragata Bartolomeu Dias, hasta que esas malditas criaturas la hundieron.

La primera noticia que tuvimos sobre la anomalía fue a través del hidrográfico Andrómeda. Estaba cerca de la costa de Sagres y los datos sobre la acidez del agua activaron las alarmas. Poco después, la corveta João Roby junto con la fragata Álvares Cabral y el buque español Juan Carlos I, confirmaron la aparición de un inmenso agujero en el mar, entre lo que sería Rabat y el sur de Portugal, concretamente Faro, si lo mirásemos en linea recta con una carta náutica.

Ese agujero hizo desaparecer a varios barcos de la ruta comercial que va desde Cádiz y Huelva a las islas Canarias. Y lo peor no fue que algunos barcos cayeran en ese agujero, sino lo que salió de él.

Pude verlo con mis propios ojos y por mucho que me los frotara, esas cosas seguían saliendo del agua. Algunas volaban, como si fueran aviones sin alas. Otras empezaron a navegar hacia nosotres y no tardaron en alcanzarnos. La explosión partió la quilla del Bartolomeu Dias, haciendo que comenzara a hundirse de inmediato. No tuvimos opción, no nos dio tiempo de hacer nada y aunque hubiéramos tenido todo el tiempo del mundo, tampoco podríamos haber hecho mucho. Corrí junto a les demás a un bote salvavidas y abandonamos el barco con alivio y rabia. Nuestra casa se estaba hundiendo delante de nuestras narices, y no sabíamos ni qué nos había dado.

Pero no fuimos les úniques. Pudimos ver con impotencia como otros grandes barcos eran alcanzados. Incluso el enorme Juan Carlos I, que consiguió hacer salir a varios cazas antes de ser impactado en numerosas ocasiones. Al tiempo que el cielo comenzaba a arder por los combates aéreos que se concentraban en el estrecho de Gibraltar.

Fue aterrador, las horas más largas de mi vida. Hasta que tocamos tierra en las playas de Tarifa, pensándonos salvades. Cuando una comitiva de criaturas altas y de color gris comenzó a dispararnos con unas armas que no habíamos visto nunca, parecían láser pero no lo eran. Era como una película de terror espacial, pero muchísimo peor.

Corrimos en desbandada, buscando la cobertura de los edificios cercanos. Vi caer a muches compañeres, a demasiades, pero seguí corriendo lo más rápido que pude, hasta que al cruzar una esquina me topé de nuevo con esos seres, y no dudaron en disparar a matar. Me alcanzaron en el hombro izquierdo, en el brazo y en el muslo derecho, haciendo que cayera al suelo. Joder como quemaba. Cerré los ojos, esperando el último disparo, cuando escuché a un vehículo derrapar seguido de un tremendo golpe. Eran militares españoles, habían atropellado a esas cosas y dos de elles habían bajado para rematarles. Por suerte me vieron y me trajeron aquí, junto a otras tres mujeres, cada una de un país diferente.

Ya no hay fronteras, ni diferencias entre un país y otro. Todes somos iguales, todes somos humanes. Ojalá dejemos de matarnos entre nosotres. Si es que conseguimos salir de esta.

Cabo Gabriela de Lemos Sago.

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