Runa de miel

El antiguo bosque

Nada más llegar, posó sus manos en el suelo, y ahondando con su poder en aquella tierra, se presentó. Anunciando cuál era el motivo que le había llevado hasta allí, y sus verdaderas intenciones. Pues por muy inteligente que une se pueda creer, no se le puede engañar a un bosque.

Su anuncio resonó en un claro ulular, cosa que no le sorprendió, dada su conexión con aquel animal. Para acto seguido, notar cómo todo a su alrededor volvía a su ritmo cotidiano. Ya no era el centro de atención, no había que preocuparse por elle. La indiferencia le daba la bienvenida.

Caminó por aquel bosque fuera del camino. Ya que los caminos siempre llevan al mismo sitio, y lo que buscaba no tenía un destino. Salvo el que elle misme cargaba a sus espaldas.

Cruzó un mar de musgo que amortiguó sus pisadas, ya de por sí sutiles, hasta para los oídos más atentos. Y trepó por altas rocas de granito blanco, frías, a la sombra de los ancianos árboles.

Se cruzó, como no podía ser de otro modo, con las piedras del encuentro de aquel antiguo bosque. Formando un semicírculo perfecto, que acompañaba el baile de los astros. Y aún, después de tantos siglos, pudo sentir la energía que allí había quedado impregnada.

Continuó su propio camino durante nueve noches, hasta que el bosque le concedió lo que había ido a buscar. Sin siquiera saber, lo que realmente buscaba.

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