Ana llegó a la hora prevista. Y después de aparcar el coche y comprobar que el ruido que había escuchado mientras conducía, simplemente era una bolsa de plástico que se había enganchado en el parachoques, entró en casa. Pero en el espejo que había en la entrada se encontró un mensaje escrito con pintalabios rojo, en el que pudo leer: La flota estelar le necesita.
Se sorprendió a sí misma sonriendo ante el espejo. Llevaban más de un mes viendo la serie Star Trek: Voyager, pues a Célia le llamó mucho la atención que la Capitana de la nave fuera una mujer, y estaba emocionada con el asunto. Pero no solo sonreía por la referencia sumamente friki que se había encontrado nada más entrar en casa. Sino porque estaba escrita con pintalabios, y eso, viniendo de Célia, solo podía significar una cosa.
—¿Chérie? —Llamó mientras avanzaba por el pasillo, sin dejar de sonreír. Siguió caminando hasta la habitación, y cuando abrió la puerta y se encontró a Célia tumbada en la cama, se quedó con la boca abierta.
—Buenas noches, Capitana An…
—Célia… ¿Llevas un vestido de Star Trek?
—Es un uniforme oficial ¿Te gusta?
—Ya lo creo, estás súper sexy.
—No se quede ahí, acérquese un poco. Necesito la sabiduría de una Capitana de la flota estelar.
—¿Ah si? Pues dígame… ¿En qué puedo ayudarle? —Contestó siguiendo el juego, mientras se quitaba la chaqueta y se sentaba a su lado.
—Verá, Capitana An… no sabía qué elegir para la misión de esta noche.
—¿Una misión de riesgo?
—De absoluto placer.
—Oh, mis preferidas… ¿Entre qué está dudando? —Respondió, acariciándole una pierna.
—No sabía si le apetecería atarme, usar el arnés o azotarme… así que lo he dispuesto todo.
—¿Sabe? Lo primero que voy a hacer es dejarle puesto ese vestido tan corto, porque me está dando un morbo que ni se imagina. Después voy a atarle y luego le voy a dar unos azotes, por su insubordinación en el cuadrante delta, no crea que me he olvidado, y por último, me pondré el arnés. Porque no me pienso quedar con las ganas de nada esta noche, ni la voy a dejar a usted con ninguna ¿Le parece bien?
—Lo que mi Capitana ordene… —Susurró al sentarse en su regazo a horcajadas y desabrocharle el cinturón. —Haré todo lo que ordene…
—Joder, nena… —Ante aquello, Ana estiró la mano y alcanzó una de las cuerdas. Tumbando a Célia con delicadeza en la cama para besar sus labios. —Por favor, dese la vuelta…