Runa de miel

Mari

Sol de oro batido sobre tu piel o galope albino indomable. Sabia que viajas entre la savia y guardas al bosque, a las montañas, al mar y a todo lo que mora. Desde la bóveda o el útero de piedra, impartiendo ilustrada justicia. En Muru, Aketegi o Anboto, donde mentir o dañar se paga con la vida, y respetar, con tu divino favor. Que temblando hallades en la noche oscura, nos cuidaste en regalos de luz. Y hodierna locura que ya no te clama, que te olvida y ya no te ama. Pero aquí une, que con tu flor, en su corazón te reclama.

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