Runa de miel

Higiene, esta vez la nuestra

Bien, estamos en el camino. Quizá de vacaciones por menos de un mes, o quizá de forma permanente, vagabundeando como se tiene que vagabundear. Como las deidades del vagabundeo mandan y nuestro corazón lo exige, pero... ¿dónde nos limpiamos el culo?

Aquí hay que diferenciar entre dos tipos de personas: Las que van de hotel y las que no.

Si vamos de camping, albergue, hotel, warmshowers o similares, la respuesta es bien sencilla. En todos esos lugares habrá disponible una ducha, o incluso una bañera con burbujas esperándonos cada noche. Y nuestra higiene no será diferente a la que podríamos tener en una casa. A la que seguramente volveremos porque estaremos de vacaciones.

Si estamos en el camino de forma permanente o indefinida, es muy probable que no nos podamos permitir ese tremendo gasto. Ya que habrá días en los que no tengamos ni para comer. Y aquí empieza lo verdaderamente interesante.

Lo primero que hay que entender e interiorizar, es que no nos va a pasar nada si en un mes no nos damos un agua, siempre que tengamos la zona anal y genital, las manos y la boca limpia para evitar infecciones innecesarias. Ese es el mínimo. El resto, por mucho que empecemos a oler, no nos va a suponer ningún problema. El cuerpo tampoco está hecho para que lo estemos duchando todos los días con detergentes tan agresivos, que destruyen la capa natural que nos proporciona protección, tanto en la piel como en el cabello. Oler un poco no tendría que ser motivo de vergüenza, así somos al natural, es lo que hay. Igual que hay mucha tontería y mucho marketing para que gastemos sin parar en productos que realmente no necesitamos. De todos modos, si este asunto nos llega a suponer un gran tabú y es un escalón que no podemos subir, quizá deberíamos replantearnos si lanzarnos al camino, o no. Al menos, de forma indefinida o permanente. Una vez comprendido todo esto, vamos a lo siguiente.

Trucos y consejos de miel:

Nos tenemos que hacer con una pequeña pala, un bidé portátil y una botella de agua.

Hay que prescindir del papel higiénico, porque de higiénico no tiene nada y, además, es perjudicial para el cuerpo, contamina, es un gasto más y obstruye las tuberías y los pozos. Yo hace años que no lo uso. Hay que aprender a limpiarse los bajos usando el bidé o, si no tenemos, con la ducha. Y luego, aplicar lo aprendido cuando estemos en el camino, usando el bidé portátil. Que es una botella blanda con un pitorro, que al estrujarla suelta un chorro, y que también se puede hacer de forma casera.

La pala, además de ser una herramienta magnífica y versátil, es para hacer un agujero y cagar en él. Así, estando en cuclillas, tendremos distancia entre nuestro trasero y las heces, para después, sin tocarlas, taparlas con la tierra que hemos sacado y no dejar ningún rastro. Mucho menos algún desperdicio, ya que no habremos usado papel y, de paso, habremos nutrido el suelo.

La botella de agua será exclusiva para nuestra higiene y, así, siempre la tendremos disponible para cómo mínimo, el bidé, las manos y los dientes.

A la hora de limpiar el resto del cuerpo, aprovecharemos todos los recursos que nos encontremos: Fuentes, riachuelos, ríos, grifos, acequias, duchas de playa, etc. lo más conveniente es que llevemos pastillas de jabón y champú 100% naturales, para no dañar el medio ambiente, ni nuestro cuerpo cuando nos lavemos, igual para el polvo o la pasta de dientes. Y a eso, podemos añadir un cubo de tela plegable, un bastoncillo para los oídos reutilizable, un cortaúñas, un pequeño espejo, una cuchilla si nos hiciera falta y un peine. También existen duchas portátiles y, aunque no las recomiendo porque prefiero la versatilidad del cubo plegable, pues nos sirve para llevar cosas, para lavarnos y como depósito de agua general, en el caso de que montemos campamento, es una opción que también hay que conocer.

En el momento de lavarnos, a excepción de las duchas de playa, que usaremos de forma habitual, lo haremos por partes con la ayuda del cubo o, si podemos estar tranquiles, directamente en la fuente o el grifo, ayudándonos con algún cazo o taza que seguro llevaremos encima. O si disponemos de agua más abundante, como un río, pues nos meteremos y frotaremos con las manos. Sobra decir que si el río va crecido, es conveniente lavarse por partes desde la orilla, en vez de meternos y aparecer en otro pueblo, o en otro mundo. También influirá cuánto nos lavemos dependiendo de la época del año. Ya que en invierno, no lo haremos con tanta asiduidad como en verano, bien por no necesitarlo con tanta urgencia, o por evitarnos una hipotermia totalmente innecesaria.

Nuestra higiene puede ser diferente a la de las personas que viven en casas. Pero no tiene por qué ser menos digna, pues lo haremos cuando y como mejor podamos. Estos son solo unos cuantos consejos, hay más formas de hacerlo y lo ideal, es que cada une de con la fórmula que mejor le funcione. Siempre y por encima de todo, respetando el medio ambiente.

Nota: Al escribir esta entrada, no tuve en cuenta que la mayoría de las personas no van descalzas, sino que utilizan zapatos cerrados. En ese caso, también habría que prestar especial atención a la higiene de los pies. Dejándolos respirar siempre que se pueda y lavándolos con asiduidad. Asegurándonos de que estén secos.