Higiene de la bicicleta
Al igual que nosotres, la bicicleta, de vez en cuando, también necesita un mínimo de higiene. Sobre todo, si tenemos a bien sacarla de la ciudad.
El polvo, el barro, la lluvia, la contaminación, todas esas partículas que nos parecen insignificantes. Terminarán metiéndose por cualquier rendija o rodamiento, por mucho que nos hayan prometido que están sellados. Porque en la práctica, resulta que no lo están tanto. No cuesta nada pasarle un paño, o incluso, si nos es posible, darle un agua cada vez que terminamos nuestra ruta. Ni tampoco pasa nada por marcar un día especial en el calendario para dedicarle al cuidado y al mantenimiento de nuestra bicicleta. Como si fuera un pequeño e íntimo ritual, entre la bicicleta y nosotres. Con el único acompañamiento de nuestra música preferida.
Recordar también, quitarle las piedrecitas que se puedan haber quedado entre los tacos de la cubierta. Porque igual que cuando se nos mete una piedra en el zapato, si no la quitamos, nos hacemos una herida. Terminará perforando la cubierta y dejando que escape el aire.
Si cuidamos a la bicicleta, la bicicleta nos cuidará a nosotres. Siendo mucho más segura y fiable durante la marcha, y más duradera a nuestro lado. Porque si, aún os quedan muchas aventuras por compartir.