Biodegradables
Que algo sea biodegradable, no nos tendría que dar carta blanca para tirarlo en cualquier lugar. Menos aún, en plena naturaleza. ¿No estáis hasta el séptimo chakra de ver papeles, cáscaras de plátano y demás cosas tiradas en zonas naturales? No desaparecen en dos días, pueden estar ahí durante meses o años, dependiendo del clima y de lo que sea.
Los desperdicios que generemos, se tienen que ir con nosotres, para que sean depositados en el contenedor de basura correspondiente. No cuesta nada llevar una pequeña bolsa en las alforjas o en la mochila y, sería ideal, que esa bolsa también fuera biodegradable. Así irá al vertedero, pero no se quedará allí eternamente, agravando el problema de la basura y de los plásticos.
Aunque lo que sería perfecto, si es que esos residuos son aptos, es llevarlos a compostar. O guardarlos, si fueran adecuados, como alimento para algún otro animal, como por ejemplo gallinas.
Y por último, si son residuos orgánicos, también está la opción de enterrarlos. Pero únicamente si son residuos orgánicos y completamente naturales, sin mezclar con nada más. Así volverían a la tierra. Pero si no vamos a estar segures de lo que hacemos, lo mejor es llevárselos, que tampoco cuesta tanto.
Obviamente nada de quemarlos, porque seguramente terminemos quemando el monte, como ya ha pasado más de una vez. Un poquito de sentido común.